Los reflejos primitivos y las reacciones posturales comprenden una de las herramientas más utilizadas entre los neurólogos infantiles para evaluar la integridad del sistema nervioso central de bebés y niños pequeños. Son patrones de movimiento complejos y automáticos mediados por el tronco encefálico que comienzan en la vigésimo quinta semana de gestación, están completamente presentes al nacer en los bebés a término, y con la maduración del sistema nervioso central se hace cada vez más difícil provocarlos después de la primera mitad del primer año de vida, cuando la actividad motora voluntaria y por lo tanto la inhibición cortical emerge y toma el control (Blasco, 1994).

Se sabe que los bebés con parálisis cerebral manifiestan persistencia o retraso en la desaparición de reflejos primitivos y reacciones patológicas o posturales ausentes. La importancia clínica del reflejo tónico asimétrico del cuello, Moro, agarre palmar, agarre plantar, Galant, Babinski, Rossolimo, extensor cruzado, extensor suprapúbico, y reflejo del talón, solo o en combinación, así como su contribución al diagnóstico precoz y el diagnóstico diferencial de la parálisis cerebral, se han demostrado en una serie de estudios (Scherzer, 2000).

Hay un número considerable de escalas de desarrollo e instrumentos de evaluación motora para lactantes y niños de corta edad o prematuros que incluyen un número variable de reflejos primitivos o reacciones posturales como ítems. No obstante, la potencia predictiva de cada uno de ellos aumenta con la edad del bebé o niño pequeño. En una revisión crítica de Majnemer y Mazer, ninguno de los instrumentos probados fue eficaz en el diagnóstico precoz de niños menores de 12 meses.

Antes de comenzar un examen neurológico, se debe recoger o armar la historia del bebé, componente esencial que debe incluir antecedentes médicos/ quirúrgicos, antecedentes familiares y revisión de sistemas. Los antecedentes de embarazo de la madre y las etapas perinatal y neonatal del bebé, incluyendo la edad gestacional en el momento del parto, el peso, la altura, la circunferencia de la cabeza al nacer, puntajes de Apgar, infecciones durante el embarazo, el consumo de drogas de los padres, etc… sirven para identificar posibles defectos cromosómicos, genéticos o congénitos asociados con trastornos neurológicos o anomalías del sistema nervioso central (Haslam 2013).

Por otra parte, un examen físico de la función motora incluye tono, potencia, movilidad y reflejos tendinosos profundos. Cualquier posicionamiento anormal puede ser indicativo de patología (Greenfield y Long 2016).

  • El tono se define como la resistencia en reposo de los músculos evaluada contra el movimiento pasivo. Se correlaciona con la edad gestacional.
  • La potencia muscular implica probar la fuerza de grupos musculares aislados.
  • Para la movilidad se evalúa la cantidad y calidad del movimiento espontáneo. La calidad del movimiento es normal cuando un bebé exhibe movimientos variables, alternos de brazos y piernas. Los movimientos continuos exagerados, sincronizados o bruscos se consideran anormales (Dubowitz et al. 2005).
  • Los receptores de estiramiento en las articulaciones y los músculos facilitan reflejos tendinosos profundos. Por lo tanto, una unidad intacta y funcional es necesaria para provocar una respuesta.

La Terapia Visual Comportamental es una PSEUDOTERAPIA

Debemos remontarnos al primer cuarto del siglo XX para hallar el origen de esta «disciplina». En 1915, un optometrista americano de nombre Arthur Marten Skeffington, elaboró una teoría «holística» para entender la visión, después de dedicarse tan sólo diez años a la práctica optométrica en Nebraska. Su mujer padecía, según el conocimiento de la época, una «dislexia». En este texto, poco más que una oda a las supuestas magníficas contribuciones de este señor, se describen las dificultades de la buena mujer como: «podía leer, pero no comprendía ni recordaba lo que leía».

¿Cabe alguna duda con respecto a que esta señora presentaba déficits cognitivos que nada tienen que ver con <lo visual>?

La Optometría Comportamental (os sonará la terapia visual comportamental y aquello que vemos en tantos informes como «reflejos primitivos no adquiridos o integrados»), lleva un par de décadas campando a sus anchas por nuestro país, siendo además recomendada tanto por profesores como por los profesionales que forman los servicios/equipos/departamentos de Orientación en las escuelas cuando detectan que algún niño confunde letras o intercambia algunos números por mayúsculas similares (b/d, p/q, 3/E, 9/P), o bien cuando les administran alguna prueba tipo BENDER o los Cubos de Kohs. Muchas asociaciones de dislexia también recomiendan acudir, e incluso encontramos gabinetes de psicología y psicopedagogía que los tienen integrados como «servicio adicional». Lo del porcentaje que se llevan por cada niño enviado, lo dejamos para otro día.

Esta corriente está claramente tildada como pseudociencia, incluso por la propia Sociedad Española de Optometría, quien deja claro que en los últimos años se ha producido un incremento en la difusión de herramientas diagnósticas y terapéuticas con escaso o nulo nivel de evidencia científica, al límite o claramente dentro de la pseudociencia, como la fototerapia sintónica, la prescripción de prismas gemelos para alteraciones de la percepción visual, la reeducación auditiva, la terapia de reflejos primitivos y la terapia de movimientos rítmicos. En ocasiones esta formación también argumenta la causalidad visual en el origen y desarrollo de algunos problemas de aprendizaje como la dislexia.

Si quieres saber más sobre otros fraudes, tengo una entrada en la que hablo sobre las TERAPIAS AUDITIVAS 🔍 y otra en la que explico por qué LA LATERALIDAD CRUZADA NO CAUSA PROBLEMAS DE APRENDIZAJE 🔍 .

Queda claro que una exploración neurológica de está índole en ningún caso podrá ser llevada a cabo por profesionales no médicos que además nada tienen que ver con el conocimiento del neurodesarrollo. Los especialistas en neuropediatría son los más capacitados para determinar la causa que subyace a los problemas del sistema nervioso central. Nada que ver con lo visual, ni con la llamada dislexia, ni con hacer terapias sin respaldo científico.

A veces, estas informaciones no llegan a la mayoría por ser quizá demasiado técnicas o porque algunos saben vender sus teorías y metodologías <rápido y fácil>.

Libros divulgativos como el de la neuropediatra Mª José Mas, que además presenta un capítulo en el que habla de los reflejos primitivos, pueden ayudar a familias y docentes a tener claro unos mínimos sobre estas y otras cuestiones. También puedes acudir a numerosas publicaciones de Psicología Educativa y Psicología del Desarrollo 🔍 para conocer el desarrollo físico (crecimiento del cuerpo y el cerebro, las capacidades sensoriales y las habilidades motoras), cognitivo (aprendizaje, atención, memoria, lenguaje, razonamiento, creatividad) y psicosocial (emociones, personalidad y relaciones sociales) a lo largo del ciclo vital.

Entre todos tenemos que intentar acabar con esta lacra que no sólo confunde a familiares, sino que evita que niños con dificultades SEAN EXPLORADOS POR LOS PROFESIONALES ADECUADOS 🔍 en ámbito educativo para una detección temprana, rápida derivación y que con ello reciban una atención temprana que mejore su autonomía de cara al futuro.

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