Ante la sospecha de que nuestro sistema cognitivo se ve afectado de alguna manera al intentar manejar un tercer idioma cuando ya dominamos otros dos, cabe preguntarse varias cosas: ¿Hay diferencia entre aprender temprano un tercer idioma y hacerlo un poco más tarde? ¿Cómo aprendemos a «controlar» nuestro lenguaje según queramos utilizar un idioma u otro? ¿Esto puede interferir en el rendimiento académico?.

Si la principal capacidad de las funciones ejecutivas es la habilidad temporal de organizar el comportamiento, el lenguaje y el razonamiento (Fuster, 2008), lo cual permite resolver problemas internos (representaciones mentales) y externos, resultado de la interacción con el ambiente (Delgado- Mejía y Etchepareborda, 2013)… ¿Incide el bilingüismo temprano en el funcionamiento de los mecanismos generales de control ejecutivo?.

Se sabe que el aprendizaje de un segundo idioma antes o después de los 10 años tiene importantes consecuencias sobre cómo se procesa la información semántica y sintáctica en L2 (Weber-Fox & Neville, 1996). Conocemos que más experiencia en bilingüismo se asocia con mayores ventajas en el control cognitivo general (Luk et al., 2011) y que la neuroimagen ha revelado que los sustratos neurales del control bilingüe del lenguaje difieren entre los bilingües tempranos y tardíos (Wang et al., 2007; Garbin et al., 2011).

En este estudio del Basque Center of Cognition, se preguntaron si los bilingües tempranos se beneficiaban del sistema de control lingüístico que desarrollaron desde el nacimiento para manejar tanto sus dos idiomas dominantes como un tercero. Midieron la actividad electrofisiológica utilizando una tarea de denominación de imágenes donde los participantes debían hacer un cambio entre dos lenguas, lo cual exige una alta demanda en los mecanismos de control del lenguaje:

1.- Ambos grupos tenían que realizar la tarea de cambio entre su dominante (L1) y una lengua menos conocida para ellos (L3). Unos participantes eran bilingües de alto nivel desde el nacimiento (en un idioma no involucrado en la tarea), mientras que los miembros del otro grupo no lo eran.

2.- También se comparan los bilingües tempranos que controlan una lengua dominante y una débil Vs. dos idiomas dominantes.

3.- En el análisis del ERP (en este caso procesamiento de cambios de idioma mediante la técnica de potenciales relacionados con eventos), el componente N2 se ha asociado a procesos de selección de respuesta y control cognitivo, pudiendo verse afectada la amplitud del mismo por los mecanismos de control lingüístico durante el cambio de idioma, lo cual parece ser indicativo de la cantidad de inhibición necesaria para seleccionar un elemento léxico apropiado según unos autores, o bien estar involucrado en el monitoreo de conflictos según otros:

– Los bilingües necesitan resolver constantemente la «competición» entre sus dos repertorios de idiomas y, debido a la activación simultánea de lexemas en ambas lenguas, inhiben constantemente una de las dos (Poarch & van Hell, 2012).

– El monitoreo continuo sobre qué idioma utilizar para cada interacción comunicativa, juega un papel más crucial que la búsqueda de un elemento léxico apropiado (Costa et al., 2009)

[No obstante, ambas opiniones comparten la suposición de que el bilingüismo mejora el control ejecutivo].

4.- Otro componente llamado LPC (componente positivo tardío), reflejaría el proceso cognitivo por el que se vincula la entrada al elemento léxico correcto en el idioma deseado. Es decir, que este elemento estaría relacionado con las consecuencias (a nivel de representaciones léxicas específicas) que genera el control cognitivo mencionado antes.

  • ¿Habrá diferentes modulaciones de N2 entre los bilingües tempranos y los tardíos, o quizá los bilingües tempranos controlan una lengua dominante y una tercer idioma de la misma manera que los que aprenden un segundo idioma más tarde?.
  • ¿Mostrará el LPC un patrón similar en ambos grupos ya que todos tienen que hacer reconfiguraciones del mapeo E-R entre un idioma fuerte y otro débil?

5.- Se encontró una diferencia en la actividad cerebral entre bilingües tempranos y tardíos. Alrededor de 300 ms después del inicio de la imagen, observaron que el componente N2 era más grande para los bilingües tardíos que para los bilingües tempranos, lo cual sugiere que el <estado lingüístico> (ser bilingües desde el nacimiento o aprender un segundo idioma dominante más tarde) tiene una influencia significativa en los procesos de control cognitivo.

6.- Hay que tener en consideración la dificultad para evaluar a los bilingües tempranos con un bajo nivel de L2, con respecto a los bilingües tardíos que han alcanzado un nivel similar al de los nativos en L2. Los estudiantes bilingües tempranos de un L3 no controlan idiomas de la misma manera que lo hacen los estudiantes bilingües tardíos que no han alcanzado el dominio nativo en su L2. Esta diferencia podría explicar algunas de las ventajas que tienen los primeros bilingües al aprender nuevos idiomas.

7.- El LPC no fue modulado por el estatus lingüístico de los participantes. Es decir, que los bilingües (ya sean tempranos o tardíos) no difieren en términos de esa reconfiguración E-R antes mencionada.

Control INHIBITORIO y procesamiento del lenguaje bilingüe

Al aprender a hablar un idioma extranjero es necesario controlar la interferencia de la primera lengua porque las palabras y estructuras gramaticales del idioma dominante son más accesibles, haciendo que el acto de producir el habla en la lengua no dominante sea una actividad que requiere eficiencia cognitiva y por tanto se convierte en una tarea muy exigente.

No está muy claro el mecanismo que se utiliza para seleccionar el idioma relevante durante el procesamiento y la producción del lenguaje, aunque el Modelo de Control Inhibitorio (Green, 1998) propone que la selección se logra ejerciendo la inhibición a nivel de lenguaje sabiendo que, cuanto más dominante es un idioma, mayor inhibición será necesaria para no confundirlo con otro.

Algunos estudios posteriores parecen apoyar esta idea por ser mejores los bilingües en tareas donde deben centrarse en un tipo de información e ignorar otra (Bialystok & Craik, 2010), como por ejemplo a la hora de determinar (en situación experimental) la dirección en la que apunta una flecha en concreto mientras inhiben la interferencia de otras que apuntan en distintas direcciones (Costa, Hernandez y Sebastian-Gallmis, 2008), siendo esta ventaja debida a la práctica constante de controlar distintos idiomas durante la producción del habla. Este arduo trabajo, según el estudio de Costa, puede ejercer un efecto general en las redes atencionales.

¿Y qué son las redes atencionales? Veamos qué nos dice el modelo de Posner y Petersen:

  • La red de orientación estaría implicada en la selección de la información sensorial, explorándose por ejemplo mediante tareas de búsqueda visual de un estímulo concreto mientras se ignora una serie de distractores.
  • La red de vigilancia es la que genera y mantiene el estado de alerta del individuo incidiendo en aquello que llamamos atención sostenida.
  • El control ejecutivo participa en el procesamiento de estímulos novedosos, la planificación y la ejecución de un nuevo repertorio conductual, pudiendo explorarse con tareas de inhibición, detección de errores, resolución de conflictos, etc.

Otras investigaciones establecen un vínculo directo entre la inhibición y la selección del idioma durante el procesamiento bilingüe (Linck, Schwieter y Sunderman, 2011).

En este interesante libro, Ellen Bialystock explica cómo contribuye el bilingüismo al neurodesarrollo tratando de resolver múltiples dudas sobre cómo exponer a un niño a dos o más idiomas, el efecto que tiene en su desarrollo, si pueden darse problemas al confundir idiomas o incluso en su capacidad cognitiva, etc…

En este estudio de 2013, investigaron las diferencias individuales en las habilidades inhibitorias y su influencia a la hora de interferir en los dos idiomas del bilingüe, además de proponer que dicha interferencia durante el procesamiento del lenguaje puede influir en las representaciones lingüísticas a largo plazo.

Sea como fuere, en conjunto parece que la literatura científica sugiere que la inhibición juega un papel fundamental en la selección del idioma. Cabe preguntarse entonces qué ocurre con aquellos niños cuyo sistema inhibitorio cognitivo tiene una menor capacidad, siendo más difícil que hagan frente a la interferencia; o qué pasa con aquellos que además tienen problemas específicos en el desarrollo del habla y sonidos del lenguaje; o con tantos otros que tienen una lengua materna y deben estudiar en un idioma distinto años después; o los que aprenden varios idiomas a la vez pero sólo practican uno habitualmente. En esta otra entrada escribí sobre el NEURODESARROLLO Y PROBLEMAS DE LENGUAJE EN NIÑOS BILINGÜES 🔍 .

Como siempre, lo imprescindible es atender al contexto, analizar la historia de desarrollo del niño, hacer una buena exploración de funciones cognitivas y ver cómo podemos optimizar su rendimiento académico (destinado a mejorar la eficiencia y, por tanto, evitar un sufrimiento innecesario). En el caso del bilinguismo, cuanto más eficiente sea el mecanismo de control lingüístico, mejor será la capacidad de comunicarse en el idioma deseado.

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