El bajo nivel de alfabetización es un factor importante que contribuye a la desigualdad y aumenta la probabilidad de problemas de salud física y mental, accidentes en el lugar de trabajo, uso indebido de medicamentos, participación en delitos y dependencia de la asistencia social. Incluso en los países desarrollados, se estima que aproximadamente el 20% de los jóvenes de 15 años no alcanza un nivel de desempeño en lectura que les permita participar de manera efectiva en la vida (OECD, 2016).

La Psicología lleva décadas proporcionando respuestas a muchas de las preguntas sobre el aprendizaje, con una extensa literatura que documenta tanto el desarrollo de la lectura como los procesos cognitivos implicados y las estrategias pedagógicas que mejor se adecuan a dicho conocimiento. Se han propuesto tradicionalmente dos corrientes o argumentos con respecto a la enseñanza de la lectura:

  • Los que están a favor de un enfoque fonético en el que se enseñan explícitamente los sonidos que hacen las letras
  • Los que prefieren un enfoque de lenguaje completo que enfatiza el descubrimiento del significado por parte del niño a través de experiencias en un entorno rico en alfabetización

¿Y qué dicen las investigaciones?

Las distintas revisiones revelan un importante consenso científico de la instrucción fonética en las etapas iniciales de la lectura. Los <científicos de la lectura> saben que conocer la relación entre las letras y los sonidos es necesaria y no negociable cuando se aprende a leer en sistemas de escritura alfabética y que esto se logra con mayor éxito a través de la instrucción fonética. No obstante, los niños también deben aprender a reconocer palabras, pero esto se consigue con la práctica de la enseñanza.

Además, necesitamos comprender lo que leemos, hacernos una representación mental coherente que integre todas las informaciones del texto. Esto supone, una vez identificadas las palabras, activar su significado explícito e implícito y comprender su conexión, movilizar conocimientos gramaticales y conocimientos culturales. Todo esto y mucho más lo explican en el grupo de trabajo de ‘Pedagogía y manuales escolares’ del Consejo Científico de Educación Nacional de Francia, en colaboración con la Academia de París. Este grupo fue creado en 2017 y su presidente es Stanislas Dehaene, quien no necesita presentación.

Durante el período inicial del desarrollo de la lectura los niños adquieren conocimientos fonológicos (procesamiento auditivo de los sonidos del habla) y conocimientos semánticos (almacenamiento y recuperación del significado de las palabras). Las bases neuronales de estos dos procesos han sido estudiadas principalmente en niños mayores y adultos, pero hay un conocimiento limitado en niños con un desarrollo típico durante la primera infancia (de 5 a 7 años).

Es decir, que aún no está claro cómo se superponen y se especializan estos mecanismos en la transición de la Educación Preescolar a la Educación Primaria, algo que es crítico no solo para proporcionar evidencia sobre modelos teóricos del desarrollo de la lectura, sino también para construir una línea base de control que se utilice para examinar cómo difieren los niños con dificultades en su adquisición (Mathur, Schultz & Wang, 2020).

Distintos estudios indican las diferencias individuales en la activación cerebral relacionadas con el lenguaje hablado cuando los niños están empezando a ser expuestos de manera formal a la instrucción de lectura, teniendo además el potencial de predecir el éxito posterior en el rendimiento académico. Hoy día se sabe que existen grandes diferencias de exposición al lenguaje oral según sean las familias y las clases sociales, y que estas diferencias correlacionan con el tamaño del léxico y el desarrollo de las redes cerebrales del lenguaje.

Younger et al., 2017 informaron que la decodificación fonológica se utiliza inicialmente, pero la dependencia en esta estrategia es cada vez menor a medida que la lectura se vuelve más automatizada. El alcance de una conciencia fonológica, o llegar al entendimiento de que las palabras se pueden descomponer en sonidos elementales, es esencial para leer; es la parte más importante, pero no es lo único. En esta entrada mencioné el PROCESAMIENTO FONOLÓGICO Y SUS COMPONENTES 🔍, fundamental a la hora de realizar una evaluación para tratar de determinar si un niño tiene dificultades más allá de un entorno poco enriquecido, un método de enseñanza dudoso, un cambio de idioma, una capacidad cognitiva más limitada o una escolarización tardía.

Cómo cambia nuestro cerebro al aprender a leer

Parece que la especialización del lenguaje es temprana, ya que los estudios de neuroimagen con recién nacidos y bebés indican que la sensibilidad fonológica comienza en el útero y la sensibilidad semántica a los 6 meses de edad (Bergelson & Swingley, 2012). Sin embargo, el procesamiento fonológico y semántico continúa desarrollándose durante varios años antes de alcanzar un nivel similar al de un adulto (Skeide & Friederici, 2016).

En este estudio de Weiss y colaboradores, encontraron que los niños de 5 años con un desarrollo típico ya muestran especialización de regiones cerebrales temporoparietales para procesos fonológicos y semánticos. Con el aprendizaje de la lectura «aparece» en el cerebro de las personas alfabetizadas una región visual que se especializa en el reconocimiento eficaz de las letras y de las cadenas de letras. Esta región las identifica independientemente de su tamaño y fuente, y envía esta información a las áreas del lenguaje hablado.

En distintos estudios donde se compara a sujetos alfabetizados con analfabetos, cuando se presentaba a niños o adultos lectores una palabra conocida o bien una pseudopalabra en un texto que habían aprendido, había una respuesta funcional consistente y selectiva en una región que se conoce como área de la forma visual de la palabra (corteza occipitotemporal ventral izquierda o VWFA). Dicha respuesta se considera claramente como resultado de la adquisición de la alfabetización y algo muy importante es que hasta la mitad de la variabilidad en la fluidez de lectura podía predecirse por la respuesta de la fMRI a las palabras escritas.

Un estudio con niños de 6 años indicó que solo unas pocas semanas de enseñanza fonética puede establecer una mayor respuesta de VWFA a las palabras que a las fuentes falsas (símbolos con el mismo nivel de complejidad gráfica que las letras). Por tanto, los niños lectores de 6 años ya muestran una mayor activación de la VWFA a las palabras que a otros estímulos visuales, mientras que los no lectores de esa misma edad no lo hacen. En niños de 9 años que llevan aprendiendo a leer entre dos y tres años, se observa una preferencia clara para las palabras. Incluso en adultos unos pocos días de entrenamiento asociando sonidos y letras es suficiente para aumentar la activación de esta región, lo que indica que la plasticidad adulta es suficiente para permitir la aparición de una respuesta funcional incluso cuando la alfabetización es tardía.

Otro estudio interesantísimo y muy reciente indica que la complejidad visual es útil si estás creando un nuevo sistema de escritura porque logras generar más pistas y mayores contrastes entre los signos, lo que ayuda a los estudiantes analfabetos; dicha complejidad se interpone más tardíamente en el camino de la lectura y la reproducción eficiente, por eso acaba desvaneciéndose.

No obstante, parece que la VWFA podría no estar exclusivamente vinculada a la modalidad visual y apoyaría la adquisición de alfabetización en cualquier modalidad, como indican distintos estudios con adultos congénitamente ciegos cuando aprenden a leer en Braille o a reconocer formas de letras usando un dispositivo de sustitución sensorial auditiva (Reich, Szwed, Cohen & Amedi, 2011; Striem-Amit, Cohen, Dehaene & Amedi, 2012) . Resulta que toda la corteza visual ventral podría ser ‘metamodal’, es decir, sintonizada con la información de forma abstracta que puede ser transmitida por diversas modalidades. Simplemente ‘se vuelve visual’ porque, en individuos videntes, es esta modalidad la que transmite la evidencia de más alta calidad sobre la forma. Dentro de la vasta extensión de la vía visual ventral, la VWFA puede deber su especificidad de lectura a un patrón especial de conectividad que permite que las formas se conecten con el sistema de lenguaje hablado.

Cómo preparar a un niño para aprender a leer

La adquisición de la alfabetización proporciona un ejemplo claro de cómo el cerebro se reorganiza para acomodar una nueva habilidad cultural, ya que modifica la codificación fonológica y fortalece el vínculo funcional y anatómico entre las representaciones fonémicas y gráficas. La escritura es una <invención humana> reciente (unos 5.000 años) y debe enseñarse de manera explícita. Según la complejidad del sistema de escritura y según la eficacia de la estrategia pedagógica, el código escrito puede adquirirse en pocos meses.

Hay tres categorías principales del sistema de escritura: 

  • Alfabético, en el que los símbolos representan sonidos o fonemas individuales 
  • Silábico, en el que los símbolos representan sílabas completas
  • Morfofonético o logográfico, en el que los símbolos representan elementos de significado y sonido

También existen variaciones dentro de estas amplias categorías. Por ejemplo, dentro de los sistemas alfabéticos se da una variación importante en cuanto a la profundidad ortográfica o transparencia con la que los símbolos (grafemas) representan sonidos (fonemas). Las llamadas ortografías superficiales o transparentes se caracterizan por una relación consistente entre los grafemas y los fonemas, por ejemplo el español o el italiano; mientras que las llamadas ortografías profundas u opacas, se caracterizan por una inconsistencia en dicha relación (por ejemplo el inglés).

Como introduje en la entrada antes mencionada, donde hablo del desarrollo neurocognitivo del procesamiento fonológico, sabemos que en el primer año de vida se adquiere la melodía de una lengua, los fonemas que utiliza y sus reglas de combinación. El vocabulario interno comenzará a expandirse antes de ser capaces de producirlo y, a medida que va mejorando en el aprendizaje del léxico, se desarrolla el conocimiento de la gramática y vemos ya algunas construcciones al año y medio.

Enseñar a un niño a leer comienza al nacer con el refuerzo de las habilidades de pre-alfabetización. El aprendizaje entre pares no es suficiente; el intercambio con un adulto, que está atento a mantener la atención del niño, es mucho más eficaz. El desarrollo del lenguaje hablado prepara la entrada a la lectura.

Dehaene

Por tanto, el aprendizaje de la lectura se basa en gran medida en los conocimientos lingüísticos ya adquiridos por el niño. La intensidad de la exposición al lenguaje hablado y la calidad de éste desempeñan un papel esencial en el desarrollo de los niveles lingüísticos (fonología, léxico, morfología, sintaxis, semántica, pragmática). La presentación de una palabra nueva en numerosos contextos, tanto en recepción como en producción, permite afinar su significado mucho antes de ser capaz de leer su definición en un diccionario.

La conciencia fonológica sigue una secuencia de desarrollo, entendida esta como un continuo con una superposición de niveles y no tanto como algo jerárquico: si partimos del lenguaje hablado, los niños aprenden a distinguir palabras en frases (la casa es bonita) antes de entender que una palabra se puede separar en sílabas (bo-ni-ta); desarrollan una conciencia de sílabas antes de poder detectar la unidad fonológica inicial de cualquier palabra (la consonante inicial o mezcla de consonantes) y la cadena de letras que sigue al inicio y contiene la vocal y cualquier consonante final; y distinguen entre palabras que suenan similar o diferente antes de poder detectar y manipular unidades individuales de sonido en las palabras, es decir, los fonemas.

Este proceso se va elaborando y mejorando al mismo tiempo o, lo que es lo mismo, los niños perfeccionan sus habilidades anteriores a medida que adquieren y desarrollan nuevas habilidades de conciencia fonológica con la que van a ser capaces de identificar palabras con sonidos similares, combinar y segmentar fonemas en palabras, y reemplazar fonemas para crear nuevas palabras.

¿Se entiende pues que todo esto debe estar desarrollado antes de comenzar la instrucción fonética para el aprendizaje de la lectura?

Las letras y sus nombres se aprenden desde la etapa de Educación Infantil y su conocimiento es un buen predictor del aprendizaje de la lectura porque saber los nombres de las letras facilita el de sus sonidos (Foulin, 2005). El niño necesita poder distinguir perfectamente los fonemas y su orden temporal para desarrollar progresivamente una representación consciente, cada vez más precisa y explícita, de los sonidos que componen las sílabas de su lengua. Por tanto, la enseñanza del principio alfabético y la correspondencia grafema-fonema son el núcleo de la decodificación.

Como vemos por los estudios, el aprendizaje de la lectura en sí podría iniciarse a los 5 años siempre y cuando estemos hablando de un desarrollo típico y con un lenguaje hablado íntegro, pero en muchos niños no se va a dar de esta manera. En ocasiones vamos a tener una evolución normativa pero lenta, otras veces tendremos un retraso en la adquisición del lenguaje por diferentes causas, sin olvidarnos de aquellos niños con una lengua materna distinta a aquella en la que están escolarizados, los que presentan cierto grado de absentismo escolar o los que HABLAN MÁS DE UN IDIOMA 🔍 .

Sabemos que el objetivo de <aprender a leer> está marcado para 1º de Primaria, pero el problema es que los niños llegan con un dominio muy desigual en la sintaxis, el vocabulario y la comprensión de los textos orales. Es necesario desarrollar paralelamente la decodificación y la comprensión oral mientras la primera no permita la comprensión de un texto escrito.

¿Y qué pasa con los niños que parecen ir más adelantados? Cuidado con esto.

Si un niño está preparado para iniciarse en la lectura con cinco años, no significa que tú como padre o madre estés capacitado para enseñar a leer correctamente, pero sí vas a tener un papel fundamental a la hora de procurar que el entorno en que un niño se desarrolla sea lo más rico posible a nivel lingüístico. Y los que aprenden de manera autodidacta suelen tener dificultades posteriores porque el llamado APRENDIZAJE POR DESCUBRIMIENTO 🔍 no funciona. Seguro que has oído hablar de la «disincronía» entre la capacidad cognitiva y habilidades básicas como leer y escribir en aquellos niños con <sospecha de AACC>, pero la teoría es una cosa y lo que vemos los que nos dedicamos a intervenir con niños es otra. Un mal aprendizaje inicial es más difícil de desmontar que lo que tarda un profesional cualificado en enseñar a leer y a escribir.

Esto no significa que haya que esperar en todos los casos, sino que utilices esta información para ofrecer una instrucción adecuada de inicio o bien pongas los medios para ello. Y no, por enseñar a leer y a escribir a un niño que muestra interés antes que otros compañeros no lo estás «sobreestimulando». Eso no existe.

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